LA BARRIADA

POR MARTIN AGUILAR

TODO LLEGA A SU FIN

Luego que la FSTSE, encabezado por Joel Ayala no lo recibe, y acotado por la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, que revocó su toma de nota anticipada para reelegirse como líder de los burócratas capitalinos, Juan Ayala Rivero engaña a sus compañeros.

Su periodo legal como dirigente del Sindicato Único de Trabajadores del Gobierno de la Ciudad de México concluye el próximo 10 de julio, pero piensa seguir otros cuatro años, para lo cual tiene todo listo y planchado… según él.

Sus socios del Sindicato seguramente ratificarán en la plenaria de julio próximo su permanencia, pero, independientemente de ello, las autoridades del Trabajo jamás le darán la toma de nota —o sea, no lo reconocerán— por dos razones fundamentales.

La primera, por haber violado sus propios estatutos en su intento de reelegirse anticipadamente en julio de 2017 y, segunda, por no aplicar los nuevos preceptos de la Ley Laboral, que obligan a una votación directa y secreta de todos los trabajadores.

Aunque sabe que no tiene ninguna posibilidad de quedarse al frente, Ayala Rivero engaña a sus aliados sindicales, a quienes intenta chamaquear asegurándoles que, con él al frente, la cúpula sindical seguirá controlando los jugosos negocios.

Nada más alejado de la realidad, pues el criterio para la anulación de la toma de nota a su anticipada reelección no podrá ser diferente al criterio que los magistrados tomen para medir con la misma vara a los 23 dirigentes seccionales que hicieron lo mismo. Es decir, que esos líderes serán destituidos y se tendrán que hacer nuevas elecciones en sus áreas y, ante el temor de una embestida en su contra, se da por descontado que no contarán con un ambiente favorable para ganar.

Y eso sería lo de menos, pues una vez que el TFCA falle de nuevo en favor de la demanda de nulidad, que seguramente será promovida otra vez por Heladio Buanerges de la Rosa, habrá la orden de cortar el suministro de cuotas sindicales a esos líderes.

Pero la cosa no quedaría ahí, pues si la autoridad les ordena que regresen las cuotas recibidas ilegalmente durante el tiempo en que no debieron estar al frente de sus secciones, habrá un problema mayúsculo, pues varios de ellos pueden acabar en la cárcel.

Sobre todo, que en el asunto ya se metió Claudia Sheinbaum, quien pidió a la procuradora Ernestina Godoy preparar las carpetas por si alguien tiene que caer.

Quienes saben de esto recomiendan a los dirigentes meter el rabo entre las piernas y acercarse a sus rivales para llegar a un arreglo político y evitar que, además del dinero, vayan a perder su libertad.

Así que pueden elegir: jugársela con Juan Ayala y correr el riesgo de cárcel o pactar abrazos y no balazos para salvar el pellejo, si es que todavía hay tiempo.

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