La Barriada/Martín Aguilar/A ojo de buen cubero

El video que comenzó a circular desde el fin de semana pasado en redes sociales, donde se aprecia a presuntos funcionarios de Pemex entregar cientos de billetes de diversa denominación a dos exfuncionarios del Senado de la República, revive la indignación ciudadana.

Mientras la mayoría de los mexicanos cuenta las monedas para completar sus gastos diarios, funcionarios corruptos cuentan millones de pesos como parte de presuntos sobornos del gobierno para aprobar un paquete de reformas legislativas.

Se presume que el video forma parte del material que el exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, ofreció entregar a la Fiscalía General de la República para denunciar malos manejos de quienes fueron sus jefes, a cambio de que él y su familia libren la cárcel.

Independientemente de cómo haya salido a la luz el video, el Presidente aprovechó su mañanera para subirse al barco y exigir que se le dé difusión por las redes sociales y las televisoras, a fin de que el pueblo vea “cómo se hacían las cosas antes”.

Y aquí es donde al inquilino de Palacio Nacional le podría indigestar el asunto, pues en el imaginario colectivo pesan más las imágenes de René Bejarano llevándose hasta las ligas de los dólares que le entregó Carlos Ahumada a cambio de favores político-económicos.

Amén de que en aquellos videos se ve a personajes muy cercanos al hoy Presidente, cuando se desempeñaba como jefe de Gobierno del DF —además de Bejarano estaban Gustavo Ponce y Carlos Ímaz, por ejemplo—, en el video de ayer no hay ningún pez gordo.

Los que salen ahí no llegan ni a rémoras de las grandes ballenas, pero lo más delicado es que, mientras en los videos de Ahumada apareció gente de la primera línea del tabasqueño, en el primero de Lozoya sólo hay desconocidos.

Revivir el asunto de videos de corrupción le puede pegar más a la 4T, pues personajes que fueron exhibidos por Ahumada como corruptos se mantienen cerca del pejismo, empezando por el propio Bejarano y su equipo compacto.

Si el Presidente dice que la gente vea “cómo se hacían antes las cosas”, en las que empresarios sin escrúpulos corrompían a políticos para hacer negocios con el gobierno, está jalando los reflectores a lo que fue su administración de 2000 a 2005.

Porque, a diferencia del caso de Lozoya, donde ni siquiera ha pisado la cárcel para firmar el libro correspondiente cada quince días, en el tema de los videoescándalos, además de Bejarano y Ahumada, también estuvo preso Ponce, que era su secretario de Finanzas.

Además, aunque ya esté divorciada de él, hay que recordar que Claudia Sheinbaum estaba casada con Ímaz, cuando el entonces delegado en Tlalpan apareció en un video llevándose los dólares en bolsas del supermercado.

En su libro Derecho de réplica, Ahumada afirma que en 2003 le pagó al matrimonio un viaje de placer de varios días por Europa.

Así que los videos de Lozoya, si no son tan impactantes como los de Bejarano, Ponce e Ímaz, le pueden pegar más a la 4T que a la oposición.

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