La Barriada/Martín Aguilar/A oídos sordos, palabras necias

No tenía mucho tiempo en el cargo cuando Claudia Sheinbaum comenzó a recibir reclamos por una serie de secuestros de mujeres, presuntamente por bandas de trata de personas, sobre todo a la salida de estaciones del Metro.

Los casos se empezaron a acumular y la jefa de Gobierno reaccionó tímidamente, ordenando operativos policiacos del hoy defenestrado Jesús Orta, entonces titular de la policía capitalina, acompañado de unidades móviles del MP especializadas en el tema.

La operación se centró, sobre todo, en la salida del Metro Coyoacán, donde se habían denunciado los últimos casos, pero todo fue una simulación, pues dichas unidades sólo estuvieron unos días y desaparecieron.

Fue entonces que se dieron las primeras marchas pacíficas, con mujeres de blanco, pero, como regularmente ocurre, fueron ignoradas, si no es que estigmatizadas como grupos de derecha o fifís. Después se presentaron muertes y violaciones, entre ellas la de una menor por parte de policías, y entonces las marchas cambiaron de tono. Los colectivos feministas tomaron las calles y las vandalizaron, con lo que logró la atención de las autoridades.

La primera reacción de Sheinbaum ante los hechos violentos fue de “no vamos a caer en provocaciones”, lo que indignó más a los grupos feministas, que lo único que demandaban era protección hacia las mujeres.

Luego de las críticas en contra, la jefa de Gobierno dio un giro de 180 grados a su posición y ordenó a sus policías no intervenir y dejar que los manifestantes hicieran todo lo que se les antojara.

Fue así como los grupos vandálicos se dieron vuelo en las calles de la capital, dejando en la total indefensión a comerciantes y empresarios, cuyas propiedades fueron destruidas y saqueadas; un verdadero desgobierno.

Pero el colmo fue la pifia del lunes, donde una vez más criminalizó las protestas de mujeres proabortistas, las cuales fueron contenidas luego de chocar con la Policía para que no pudieran llegar al Zócalo, dizque para no confrontarse con el plantón de Frena.

Desde temprano Claudia provocó el encono al señalar que un grupo empresarial estaba detrás del movimiento que tomó la sede de la CNDH en el Centro Histórico, y difundió fotos de una de sus ejecutivas repartiendo agua y comida para el plantón. En lugar de ponerse del lado de las mujeres, una vez más las quiso estigmatizar como “centaveadas” y la cosa terminó en violencia. Quiso presumir que desde hace 13 años en la CDMX el aborto es legal; las manifestantes exigían que sea legal en todo el país.

No dijo que en la capital el aborto es legal gracias al PRD, no al inquilino de Palacio Nacional, que cuando fue jefe de Gobierno del DF no dejó pasar esa reforma, que su entonces partido apoyaba.

Parece que Morena y la 4T están divorciados con el tema de la defensa a las mujeres.

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