La Barriada/Martín Aguilar/El que se lleva, se aguanta

Cuando el Presidente retó desde Palacio Nacional a que si sus opositores juntaban al menos 100 mil manifestantes en su contra, y si las encuestas demostraban que ya no tenía el apoyo popular dejaba el cargo, estaba lanzando un anzuelo a sus detractores.

Los primeros en picar fueron los integrantes del Frente Nacional AntiAMLO (Frena), que de inmediato convocaron a una marcha en la Ciudad de México, en la que piensan rebasar el número de detractores impuesto por Andrés Manuel López Obrador.

Y es muy probable que lo logren, aunque la trampa no estará ahí, pues independientemente de que quién calcula el número de integrantes en una marcha es la Policía —y cuando son en contra siempre lo hacen a la baja—, estaría en la medición de su popularidad y aprobación.

Porque si bien el Presidente dijo que si pierde el apoyo popular en las encuestas se iba, no dijo qué encuestas, quiénes las realizarían, cuántas serían y qué cuestionario se usaría, lo que daría al inquilino de Palacio Nacional un amplísimo margen para manejar el tema.

En primer lugar, porque desde siempre ha descalificado a encuestadoras que no le favorecen y, cuando las cosas le van mal, acusa que esos ejercicios son cuchareados, por lo que los desconoce. Alias, no aceptaría una derrota, y sus bases menos.

En segundo lugar, porque según sus propias encuestas —sus otros datos que sólo él conoce—, tiene el 70 por ciento de aprobación, y de ahí nadie lo sacaría.

En tercer lugar, porque el cargo de Presidente de la República es irrenunciable, según la Constitución Política, aunque eso no es lo más importante; lo importante es que el levantamiento de las encuestas sería el marco perfecto para influir en las elecciones.

Sería todo un tema que al final le beneficiaría al Presidente, lo mantendría en campaña oficial y al final vendería sus propios resultados como la ratificación popular a su gobierno, lo cual, por supuesto, ayudaría a Morena en las urnas durante los procesos venideros.

Si los de Frena creen que juntando a cien mil o más manifestantes en su contra le van a quitar una pluma al ganso, están pero bien errados y sólo le harán el caldo gordo al propio Presidente, quien los metió en una trampa.

Y es que si alguien sabe de manifestaciones y protestas, y sabe perfectamente cómo aprovecharlas, es precisamente quien habita hoy Palacio Nacional. Ni modo que lo quieran atacar con sus propias armas.

Les tendieron una trampa y picaron el anzuelo; es lo malo de querer enseñarle a la negrita cómo se hacen los hot-cakes.

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