La Barriada/Martín Aguilar/Del plato a la boca

El semáforo epidemiológico que la Secretaría de Salud presumió como “ejemplo mundial” para el control de la pandemia de covid-19, finalmente resultó “intrascendente” para el propio Hugo López-Gatell, su principal promotor.

Cuando el viernes pasado Claudia Sheinbaum le echó la pelotita para que decidiera si la CDMX regresaba al semáforo rojo, ante la cantidad de contagios y hospitalizaciones, el llamado zar anticovid respondió que el color era “intrascendente”.

Y si bien esto podría quedar en un dislate más del incompetente funcionario, quien antes ya había descalificado por “irrelevante” su propio modelo Centinela que llevaba las cuentas diarias de muertes y contagios, esta vez sí se voló la barda.

Porque si López-Gatell cree que hoy también se podrá poner frente al espejo para preguntarle quién es el más bonito, se equivoca. Quizá ni cuenta se ha dado del problemón en que su dislate meterá al gobierno federal.

Porque si este mecanismo es “intrascendente”, cómo le hará —por ejemplo— la SEP para decidir el retorno a las clases presenciales en los estados, si su decisión la basa en el color del semáforo epidemiológico.

Eso sin contar que, con su propia descalificación del sistema que iba a ser “ejemplo mundial”, en automático da la razón a los gobernadores rebeldes que desde el principio se negaron a acatar las decisiones del locuaz doctor, porque no tenían ni pies ni cabeza.

¿Para qué demonios estableció un semáforo epidemiológico como control de la pandemia si el color termina siendo “intrascendente”? ¿Ahora con base a qué va a tomar sus decisiones el gobierno si todo está concatenado al control de la pandemia?

Además de incompetente y cínico, López-Gatell resultó un cobarde al no atreverse a decretar el color rojo en la capital. Pero no para proteger la vida de sus millones de habitantes, sino para mantener a salvo su propia carrera política.

Claro que Claudia también tiene responsabilidad, pues ella pudo haber tomado la decisión. La funcionaria se había visto bien al ir a contracorriente del gobierno federal en el combate a la pandemia, pero, al final, se dobló ante el miedo de que la desconocieran en Palacio.

No se le puede criticar por estar pensando en 2024, pero no a costa de los ciudadanos. Su responsabilidad es con los capitalinos; que se preocupe por ellos y la candidatura llegará sola… y si no, al menos su conciencia estará tranquila.

Porque si cree que con sus llamados a que la gente se porte bien va a lograr algo, no conoce a los chilangos. Tiene que ser una orden, pues las sugerencias no funcionan ni en las propias casas.

Regresando a López-Gatell, si ya demostró con creces su incompetencia ante la pandemia, aguas, porque ahora viene el tema de las vacunas y el gobierno haría muy bien en nombrar a otro como responsable del programa de vacunación.

Porque “Hugo” ya se convirtió —el sí— en un peligro para México y nadie quisiera imaginar qué pasaría si las vacunas fallaran y este cuate saliera con que el esquema que implementó fue “intrascendente” o “irrelevante”.

Y mientras la CDMX vive en rojo intenso, él y Claudia prefieren voltear a otro lado para que todo el mundo se pase el semáforo… por donde quiera.

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