La Barriada/Martín Aguilar/Quien no escucha consejos

Durante meses, los responsables de combatir la pandemia en México estuvieron diciendo que la covid-19 era menos peligrosa que una gripe; que en el tema había “mucha mitología” y que la gente saliera a comer a las fondas y abrazarse.

Después, el máximo responsable de combatir la catástrofe, Hugo López-Gatell, descalificó las pruebas rápidas para detectar y detener contagios; reprobó la estrategia del uso del cubrebocas recomendado por la OMS; mandó al diablo su sistema Centinela y su semáforo epidemiológico.

Si el propio gobierno de la 4T ha minimizado el problema desde antes de que llegara a México y ha venido repitiendo que la curva de la pandemia está aplanada, ¿con qué cara quiere ahora responsabilizar a los ciudadanos de lo mal que están las cosas?

Ante el incremento de contagios y hospitalizaciones, Claudia Sheinbaum pide a la ciudadanía ser responsable y acusa que el mayor contagio se realiza en fiestas —o sea, en los abrazos que la 4T recomendaba—, pero sigue descartando los castigos.

Dice que no todo se soluciona con multas y que la policía no está para andar cuidando si se cumplen o no las medidas sanitarias, además de que luego los uniformados abusan.

Anunció que esta semana iniciará otra campaña —ahora mediante carteles y audios en patrullas— para pedir a la ciudadanía que se integre al reto “cero contagios”, invitando a los ciudadanos a usar cubrebocas, hacerse pruebas, quedarse en casa y aislarse en caso de contagio.

O sea, todo lo que López-Gatell descalificó.

Claudia cree que sus recomendaciones van a ser acatadas luego de que los capitalinos llevan meses recibiendo información confusa del gobierno, pero ya nadie les cree.

Piensa que dando consejos y recomendaciones —sin obligaciones— va a concientizar a los capitalinos sobre cómo comportarse ante la pandemia. Que pregunte qué pasa en las casas donde abundan los consejos y no hay castigos: nadie los pela.

La estrategia que quiere imponer Claudia es como la de “los voy a acusar con sus abuelitas para que ya no se porten mal”, que ni disminuyó el número de sicarios ni bajó los índices delincuenciales. ¿Qué la hace pensar que sus recomendaciones serán atendidas?

Tendría que imponer sanciones para que no pase lo de las fotomultas, que las cambió por fotocívicas, pero los automovilistas siguieron violando los índices de velocidad.

Si no sanciona a quienes incumplan las restricciones sanitarias, nada más para que a su gobierno no lo vayan a tildar de “represor”, la jefa de Gobierno estará faltando a sus responsabilidades.

No es que quiera; su obligación es meter orden y procurar el bien común por encina del individual. Si no se siente capaz de hacerlo, entonces para qué se alquila.

Porque sus recomendaciones son tomadas —sobre todo por los más jóvenes, como los consejos de la Tía Claudia… a ver quién los quiere seguir.

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