La Barriada/Martín Aguilar/En la guerra y en el amor todo se vale

Nada más para que la oposición le vaya midiendo el agua a los tamales, PAN, PRI, PRD y hasta los morenos light tendrían que leer con cuidado el mensaje que Claudia Sheinbaum —o quien haya tomado la decisión— les envía con los recientes cambios en su gabinete.

El fin de semana se anunció la llegada de Nathalie Desplas a Turismo, donde ya van tres secretarios en tres años, a pesar de que esta actividad es quizá la que más recursos deja a la capital; su perfil es netamente técnico.

A Seduvi regresa el multiusos Carlos Ulloa, en un intento por proteger a Rafael Gómez Cruz, quien permanecía suspendido tras haber sido denunciado por abuso sexual y que, hasta la fecha, ni siquiera ha pisado el MP.

Otro movimiento que llama la atención es el de Estela Damián, que dejó el DIF para convertirse en la nueva secretaria particular de Sheinbaum. Con ella son cinco personas distintas que ocupan ese importante lugar en tres años.

El primero fue Ulloa; le siguieron Ileana Villalobos; Carlos Augusto Morales; Aureliano Hernández y ahora llega Damián. Parece que esa silla echa lumbre y nadie la aguanta.

Pero esos cambios son lo de menos, a quienes hay que poner la lupa es a Rigoberto Salgado, en la Secretaría del Bienestar de la CDMX, y a Amador Rodríguez Lozano en la flamante Coordinación de Relaciones Interinstitucionales, que habrá que descifrar para qué sirve.

Este par de fichitas —de fichajes, perdón— han dejado con el ojo cuadrado a más de uno. Y no precisamente porque sean unas lumbreras, para nada, sino porque son alquimistas de la más baja ralea.

Es un pésimo mensaje no sólo para la oposición, sino para la ciudadanía en general y para el propio equipo de Claudia, pues les dice que de plano son un cero a la izquierda.

En sus épocas de alcalde en Tláhuac, Rigoberto fue vinculado a cárteles del crimen organizado e incluso se le relacionó con Felipe de Jesús Pérez El Ojos, abatido por la Marina. A raíz de esa muerte, se dieron a conocer presuntos negocios entre el delegado y el narcotraficante.

A pesar de eso, no sólo libró el Ministerio Público, sino que agarró un superhueso con Sheinbaum, quien le entrega el manejo de todos los programas sociales, becas y apoyos económicos en la CDMX; obvio que, con todo el dineral, la canasta de votos deberá crecer.

Y de Rodríguez Lozano, una de las llamadas “viudas de Colosio” y eterno aspirante a gobernar Baja California, tiene una bien ganada fama de alquimista desde sus años dorados en el PRI. En un tiempo cambió sus intereses a Chiapas, donde también lo recuerdan como buen negociante.

Esas son las dos fichas que Sheinbaum incorpora a su gobierno, a fin de conseguir votos como sea. No le importa la fama pública que le puedan acarrear estos personajes.

La alianza debe pelar bien los ojos, pues estos cuates juegan rudo.

Si tuvo que recurrir a los alquimistas, quizá la jefa está desesperada, pues sabe que no le alcanza con un equipo tan chiquito y limitado… y tiene razón.

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