La Barriada/Martín Aguilar/El fin justifica los medios

El proyecto de gobierno llamado “cuarta transformación”, fue construido en el aire. No hay ley ni norma que lo soporte jurídicamente.

De hecho, el Presidente Andrés Manuel López Obrador no propuso reforma legal alguna para fundamentar su proyecto de transformación.

Su triunfo, que fue arrollador, lo llevó a erigirse como el poderoso presidente que se colocó por arriba de los poderes Legislativo y Judicial.

En ningún momento pensó en cambiar la Constitución o al menos sujetarse a la novedosa modificación de 2014 avalada por todos los partidos políticos.

El artículo 89 en su fracción XVII es por demás claro, en cuanto al nuevo régimen que tiene más posibilidades para instaurarse a partir de 2024.

Y es que se trata de los gobiernos de coalición, lo que en términos comunes significaría pasar del régimen presidencialista al parlamentario:

“En cualquier momento, (se podría) optar por un gobierno de coalición con uno o varios de los partidos políticos representados en el Congreso de la Unión.

“El gobierno de coalición se regulará por el convenio y el programa respectivos, los cuales deberán ser aprobados por mayoría de los miembros presentes de la Cámara de Senadores.

“El convenio establecerá las causas de la disolución del gobierno de coalición”, señala la Cartas Magna.

Por la mente de López Obrador jamás pasó la idea de consolidar un gobierno de coalición, si no su propia ocurrencia.

Su elevada votación de 2018 le dio manga ancha para hacer de las suyas, y explotar las mayorías de Morena en la Cámara de Diputados y Senado para modificar las leyes a su antojo.

La figura de gobierno de coalición, tuvo como su principal autor al priista Manlio Fabio Beltrones.

El ex gobernador de Sonora, sustentaba su proyecto en que los gobiernos anteriores no superaban el 30% de los inscritos en el padrón electoral.

La razón del gobierno de coalición está cimentada en la necesidad de construir mayorías para alcanzar una gobernabilidad democrática.

Ello además de ampliar márgenes de consenso, otorga elementos para mantener un equilibrio entre el ejercicio del Poder Ejecutivo y el Legislativo en contextos de gobiernos divididos.

Por ello, estos días empieza a cobrar fuerza dicha figura como ensayo para 2024 en el Estado de México y Coahuila.

La bandera la ha tomado el senador del PRD, Miguel Ángel Mancera, quien se nota convencido de que en 2024 se logre acabar de una vez por todas con el presidencialismo.

“El gobierno de coalición es un cambio de régimen porque rompes con el presidencialismo. Es la única forma de romper con un presidencialismo y pasar a un gobierno parlamentario. Es un cambio de régimen”, argumentó.

Es evidente que López Obrador exacerbó el poder del presidencialismo, a tal grado de hacerlo aparecer -en ocasiones- como el único poder en el país.

El proyecto de gobierno llamado “cuarta transformación”, fue construido en el aire. No hay ley ni norma que lo soporte jurídicamente.

De hecho, el Presidente Andrés Manuel López Obrador no propuso reforma legal alguna para fundamentar su proyecto de transformación.

Su triunfo que fue arrollador, lo llevó a erigirse como el poderoso presidente que se colocó por arriba de los poderes Legislativo y Judicial.

En ningún momento pensó en cambiar la Constitución o al menos sujetarse a la novedosa modificación de 2014 avalada por todos los partidos políticos.

El artículo 89 en su fracción XVII es por demás claro, en cuanto al nuevo régimen que tiene más posibilidades para instaurarse a partir de 2024.

Y es que se trata de los gobiernos de coalición, lo que en términos comunes significaría pasar del régimen presidencialista al parlamentario:

“En cualquier momento, (se podría) optar por un gobierno de coalición con uno o varios de los partidos políticos representados en el Congreso de la Unión.

“El gobierno de coalición se regulará por el convenio y el programa respectivos, los cuales deberán ser aprobados por mayoría de los miembros presentes de la Cámara de Senadores.

“El convenio establecerá las causas de la disolución del gobierno de coalición”, señala la Cartas Magna.

Por la mente de López Obrador jamás pasó la idea de consolidar un gobierno de coalición, si no su propia ocurrencia.

Su elevada votación de 2018 le dio manga ancha para hacer de las suyas, y explotar las mayorías de Morena en la Cámara de Diputados y Senado para modificar las leyes a su antojo.

La figura de gobierno de coalición, tuvo como su principal autor al priista Manlio Fabio Beltrones.

El ex gobernador de Sonora, sustentaba su proyecto en que los gobiernos anteriores no superaban el 30% de los inscritos en el padrón electoral.

La razón del gobierno de coalición está cimentada en la necesidad de construir mayorías para alcanzar una gobernabilidad democrática.

Ello además de ampliar márgenes de consenso, otorga elementos para mantener un equilibrio entre el ejercicio del Poder Ejecutivo y el Legislativo en contextos de gobiernos divididos.

Por ello, estos días empieza a cobrar fuerza dicha figura como ensayo para 2024 en el Estado de México y Coahuila.

La bandera la ha tomado el senador del PRD, Miguel Ángel Mancera, quien se nota convencido de que en 2024 se logre acabar de una vez por todas con el presidencialismo.

“El gobierno de coalición es un cambio de régimen porque rompes con el presidencialismo. Es la única forma de romper con un presidencialismo y pasar a un gobierno parlamentario. Es un cambio de régimen”, argumentó.

Es evidente que López Obrador exacerbó el poder del presidencialismo, a tal grado de hacerlo aparecer -en ocasiones- como el único poder en el país.

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