La Barriada/Martín Aguilar/Entre más mansitos mejor

En cuatro meses concluye su gestión el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y titular del Consejo de la Judicatura Federal (CJF), Arturo Zaldívar.

¿Transformó al Poder Judicial? ¿Cuál es el legado que deja a jueces y magistrados?

Aparentó ponerle fin al nepotismo y corrupción existente en juzgados y tribunales de la Federación. ¿Lo logró? No hay evidencias de ello.

En los órganos cúspide que presidió Zaldívar quedó clara su intención de no erradicar el problema desde la raíz.

La estrategia del Poder Judicial sólo fue parte del espectáculo para ganar aceptación política y social, como visitar un reclusorio de la Ciudad de México.

Juzgadores federales que omitieron su identidad por temor a represalias, sostienen que durante la gestión de Zaldívar la corrupción no es diferente.

“Quien diga que en el más alto Tribunal del país y en el Consejo de la Judicatura Federal no hay corrupción, o no ha estado ahí o miente descaradamente”, afirman.

Califican de espeluznante el nivel de cinismo con que se conduce el ministro presidente, porque al frente de los órganos de justicia ha manejado una “doble moral”.

Internamente hay decepción porque se tuerce el derecho y el conocimiento sirve en los más altos cargos para cometer abusos y satisfacer los más bajos instintos.

“Su falta de principios y valores se traslució a pesar de su empecinado esfuerzo por encubrir sus verdaderas intenciones: doblegar y negociar la justicia mexicana”, ese es el legado dicen los impartidores de justicia.

A los jueces federales les ha quedado claro, que mientras más callados, aduladores y sometidos permanezcan, mejores adscripciones y cargos obtendrán.

Los que se atreven a denunciar actos de corrupción y decir verdades, son sometidos, perseguidos y marginados.

Para muestra la situación hecha pública por la magistrada, Elba Sánchez Pozos, quien denunció con Carmen Aristegui el inframundo judicial y las arbitrariedades de colegas protegidos por propio Zaldívar.

Está por concluir dicha presidencia que deja a México una herencia de jueces mansos, a fin de evitar cambios de adscripciones o reducciones salariales.

A todos les ha quedado claro que nada ganan enfrentándose a quien funge en todo como juez y parte, pese a tener la verdad y pruebas de su lado.

A México le duele la pobre y amañada justicia federal, también maltratada por el inquilino de Palacio Nacional.

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