LA BARRIADA/NADIE SABE PARA QUIEN TRABAJA

POR MARTIN AGUILAR

Más que un golpe de autoridad, el hecho de que haya sido Claudia Sheinbaum quien bajó la línea para que los dirigentes de Morena dejaran de pelear se lee como una concesión de López Obrador para fortalecer a la jefa de Gobierno ante el López obradorismo.

Este fin de semana, Sheinbaum se reunió por separado con la secretaria general en funciones de presidenta de Morena, Yeidckol Polevnsky, y la dirigente del Consejo Nacional, Bertha Luján, para pedirles que le bajaran de volumen a su pleito.

Y es que ambas mujeres se han enfrascado en una lucha frontal de poder, llegando al exceso de citar —cada quien por su cuenta— a una reunión nacional de Morena, a fin de elegir el método para seleccionar a la próxima dirigencia nacional del partido.

En teoría, los morenistas deberían renovar su dirigencia el próximo miércoles, pero, debido al cochinero interno que hicieron con el padrón de militantes, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación les ordenó reponer el proceso.

Eso atoró la renovación y provocó un alud de amparos, sobre todo promovidos por Alejandro Rojas Díaz Durán, uno de los aspirantes que desde el principio denunció las anomalías y ha recorrido el país levantando a los militantes inconformes.

Previendo este escándalo, el propio Andrés Manuel López Obrador había recomendado, hace un par de meses, modificar la convocatoria original, que señalaba una elección interna en urnas, y decidirse mejor por una encuesta.

De los aspirantes, Rojas Díaz Durán, el diputado Mario Delgado y, al final, la propia Yeidckol, se pronunciaron por una encuesta —de otro modo no tendrían oportunidad por carecer de cuadros propios—, mientras Bertha insistía en elecciones abiertas.

El Presidente dejó correr el pleito, pero como el tema se convirtió en un verdadero escándalo de corrupción al interior del partido que creó, y eso ya le está afectando en su imagen, envió a Sheinbaum a poner orden.

Es decir, aunque la jefa de Gobierno fue la encargada de hablar con las dos dirigentes que se enfrascaron en un pleitazo para pedir que le pararan, en realidad Polevnsky y Luján entendían que la orden venía de más arriba.

El tabasqueño no se metió directamente para no recibir el golpe directo en caso de que se mantenga el cochinero en Morena. Y es que nadie duda de que el “acuerdo” al que llegarán los rijosos será irse a una encuesta entre la militancia, para ver quién dirigirá los destinos del partido rumbo a las elecciones intermedias.

El problema es que, si la encuesta la realizan los órganos internos de Morena o se hace a mano alzada, en lugar de que la apliquen empresas especializadas, aquello arderá de nuevo y el Presidente no quiere ser salpicado.

Pero, en caso de que todo salga bien, la que se fortalecerá será Sheinbaum, que es como la niña de sus ojos.

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