Cártel de Sinaloa amo y señor en Bolivia

CÁRTEL DE SINALOA: AMO Y SEÑOR EN BOLIVIA

***No sólo acapara la producción de coca; ya es dueño de sembradíos

***Desde hace décadas “El Mayo” y “El Chapo”, dueños del territorio

***Ahora siguen sus hijos: Iván, Jesús y Ovidio

***Conservadoramente produce 20 mil toneladas de hoja de droga al año

***Tercer país productor de la droga con mayor pureza el mundo

***En Bolivia no hay cárteles como tales, sino sólo clanes familiares

José Sánchez López

El Cártel de Sinaloa, liderado por el mítico capo mexicano, Ismael “El Mayo” Zambada García, que nunca ha sido capturado en más de medio siglo de operar, es el amo y señor en Bolivia, donde no hay cárteles como tales, sólo clanes familiares, dueños de pequeños sembradíos, que terminaron por subordinarse a la organización criminal sinaloense, que no sólo acapara la mayor producción de coca sino incluso ya es dueño de plantíos.

Pero si bien en Bolivia no existen organizaciones criminales a las que pueda calificarse como “cárteles”, si hay la presencia de varios grupos de alta criminalidad, tanto de Colombia como de Brasil, pero de manera preponderante de México, donde la mafia reinante es la de Sinaloa, que compra casi toda la producción de la coca.

En 2017, en toda la región andina, se registró el récord de 245 mil hectáreas de plantaciones de coca. De esa cifra, el 70% correspondió a Colombia, el 20% a Perú y el 10% a Bolivia.

Conforme a reportes de inteligencia de la DEA y el FBI, así como de la Policía de Investigaciones de Chile (PDI), las mafias de narcotráfico son atraídas por la calidad de la cocaína boliviana, cuyos productores la purifican y la comercializan, con una calidad superior al 95 por ciento.

A ese “atractivo”, hay que sumar que las fronteras bolivianas se convirtieron en un paso casi obligado para los cárteles u organizaciones de narcos de Colombia, Perú, Brasil y México.

En el sureste de dicho país, frontera entre Santa Cruz de la Sierra, se han detectado varias fábricas de cristalización de cocaína y es hasta cierto punto comprensible ya que tiene una fronteza de casi 7 mil

kilómetros con Brasil, Argentina, Perú, Paraguay y Chile y la mayor parte de dicha franja fronteriza, es altamente vulnerable.

El despliegue en el territorio de Bolivia de las entidades criminales, tanto extranjeras como nacionales, se orienta hacia los territorios orientales del país, especialmente hacia el poblado de Santa Cruz de la Sierra, al que consideran “epicentro del tráfico ilícito de drogas en Bolivia”.

En esa localidad se localizan áreas de refinamiento, acopio, distribución y comercialización de la droga; laboratorios clandestinos e incluso hay más de una docena de escuelas de aviación, donde se forman los pilotos de los aviones que se emplean para el trasiego de drogas a través de los llamados “narcovuelos”. Los cursos cuestan 25 mil dólares que pueden pagar los alumnos con las ganancias de sus primeros vuelos ilegales.

El Departamento de Estado de los Estados Unidos, en su Informe de la Estrategia Internacional de Control de Narcóticos, presentó un documento en el que luego de analizar el narcotráfico en cada país, concluyó que Bolivia es el tercer mayor productor de cocaína en el mundo con, 249 toneladas.

El aumento de 140 a más de 100 toneladas del de hace una década, lo justifica el gobierno boliviano bajo el argumento de que “el consumo de coca de los bolivianos es tradicional, cultural y medicinal” por lo que autorizó que los sembradíos pasaran de 12 mil a 22 mil hectáreas.

A esos factores, además de las condiciones geográficas que facilitan la producción de la hoja de coca, debe considerarse la falta de acciones de gobierno para contener su cultivo.

En su momento el entonces viceministro Felipe Cáceres argumentó, para justificar los plantíos de coca, que "cuando se habla de un cártel es porque la organización cuenta con toda una estructura armada, una plataforma con diferentes niveles: operadores, sicarios, espías, lavadores de dinero, pasadores, informantes, “y eso en Bolivia no existe, solamente se trata de clanes familiares", aseguró.

Para el gobierno boliviano, no existen indicios de la presencia de ningún cártel internacional de narcotráfico en su país y sólo admite haber detectado a familias dedicadas a la siembra, “pero nada de cárteles, ni

nacionales ni extranjeros; encontrar pistas clandestinas y por ello deducir que hay cárteles en Bolivia, es mucha imaginación".

Las narcopistas a las que se refiere el gobierno boliviano, se ubican en la selva fronteriza peruano-boliviana y hay al menos un centenar de pistas clandestinas de aterrizaje que son usadas por avionetas ligeras que pueden transportar hasta media tonelada de cocaína.

No obstante, la cocaína que Bolivia trafica hacia el exterior, no sólo procede del procesamiento de la coca de las plantaciones locales situadas en su mayoría en Yungas y el Chapare, sino de enormes cargamentos de droga que les son enviados desde Perú.

Pero si bien el Cártel de Sinaloa es el dominante en Bolivia, también operan, en menor grado, Los Zetas, el Cártel Jalisco Nueva Generación, las organizaciones brasileñas Primer Comando de la Capital (PCC) y Comando Vermelho; Sendero Luminoso de Perú; el Cártel del Norte del Valle, de Colombia; reductos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y hasta organizaciones rusas.

Por lo que se refiere a los grupos locales que el gobierno boliviano no reconoce como cárteles, están formados por paramilitares, ex policías, policías en activo y simples pandilleros, que formaron las llamadas Bandas Criminales, autodenominadas “Bacrim”, entre ellos las Autodefensas Campesinas de Casanare (ACC), Los Rastrojos y Los Urabeños.

Sin embargo todos esos grupos terminan siendo subordinados de los cárteles mexicanos, del que sobresale el Cártel de Sinaloa, que si bien no ha dejado de comprar cocaína al por mayor, ahora negocia en forma directa con los productores de cocaína bolivianos y ya hasta tiene sus propios plantíos en varias de las localidades.

Otro de los factores que incide para que Bolivia represente uno de los principales abastecedores de cocaína para los diferentes cárteles, es su precio ya que un kilo de coca comprada en Bolivia, cuesta 2 mil dólares, aproximadamente, mientras que en Colombia vale 3 mil y su precio aumenta conforma cruza los países rumbo a la Unión Americana, a Europa, al continente asiático y al mundo occidental.

Al llegar a la frontera sur con México, antes de cruzar, su precio es entre 5 y 7 mil dólares; ya en México, aumentó a 12 mil y en Tepito, principal almacén, subió a 18 mil; en la frontera norte, antes del cruce, ya cuesta 25 mil y una vez en territorio estadounidense subió hasta 50 mil el kilogramo.

Según informes antidrogas, Bolivia y Colombia también actúan como puntos de transbordo para los mercados más lucrativos de todos: Europa y Asia.

En España o en Holanda, los principales puertos de entrada a Europa, un kilo de cocaína tiene un valor de 50 mil dólares; en el Reino Unido, 60 mil; en Rusia 80 mil y en Tokio, ese kilo de cocaína puede alcanzar un valor superior a los 100 mil dólares.

Pero la base de coca peruana y la cocaína boliviana no son las únicas drogas que pasan y salen de dicha nación andina, también la marihuana de Paraguay, principal productor de la yerba en Sudamérica, que en ese país cuesta 30 dólares el kilo y cuyo precio llega a aumentar hasta en 2 mil 500 dólares en Estados Unidos.

En un tiempo, Bolivia llegó a tener su propia mafia del narco, encabezada por Roberto Suárez Gómez, “El Rey de la Cocaína”. Oriundo de Santa Ana del Yacuma, que incluso llegó a trabajar con Pablo Escobar Gaviria, líder del Cartel de Medellín, hasta que Roberto falleció en el 2000, pero no por algún ajuste de cuentas o enfrentamiento, sino de un infarto fulminante.

Pese a la violencia que circunda al narcotráfico, paradójicamente en Bolivia hay poca violencia entre los clanes, quizá por el arraigo que tiene la cultura indígena que aborrece la violencia y busca soluciones pacíficas y comunes a los problemas, por lo que sus actividades, aunque ilícitas, no atraen la atención de las autoridades.

No obstante, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) ha advertido que si Bolivia mantiene su posición como uno de los principales países productores y punto de tránsito de drogas, y persiste en su relación y subordinaciòn a los cárteles mexicanos, considerados como los más violentos, será inevitable que también caiga en la espiral de violencia.

En la época de esplendor del Cártel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria solía llevar a Colombia aviones repletos de cocaína y de base de coca (“Crack”) boliviana, antes de que el grueso de la droga la enviara al principal mercado consunidor del mundo: Estados Unidos.

En la actualidad, no son los narcotraficantes colombianos los que dominan el mercado de la coca hacia la Unión Americana y hacia otros puntos del planeta, sino los cárteles mexicanos, principalmente el de Sinaloa, pues de hecho Colombia también se ha convertido en uno de sus proveedores al mayoreo, por lo que el grueso de las ganancias terminan en manos de las organizaciones criminales mexicanas, a pesar de que cuando empezaron en el negocio de la coca eran simples transportadores de los colombianos.

Uno de los casos que ejemplifica la intromisión y empoderamiento del Cártel de Sinaloa en gran parte del territorio boliviano, fue el aseguramiento del avión Gulfstream GLF 3 matrícula N18ZL, en Mahahual, Quintana Roo, con mil 225 kilos de cocaína.

Como resultado del intercambio de información entre los gobiernos de México, Argentina y Bolivia, se estableció que la aeronave despegó de la isla de Cozumel, en Quintana Roo y llegó al aeropuerto internacional Martín Miguel de Güemes, en Argentina, la noche del lunes 27, a las 23 horas.

Para justificar el arribo de la nave al aeropuerto argentino, donde permaneció hasta las 8 de la mañana del día siguiente, el piloto dijo que como taxi aéreo iba a recoger a dos clientes que habían contratado sus servicios para llevarlos a Cozumel, pero como no habían llegado habían decidido regresar a México.

Se checaron los nombres de los supuestos clientes que resultaron falsos, por lo que revisaron el aparato aéreo, sin embargo no encontraron ninguna irregularidad por lo que le permitieron salir de Argentina.

Hasta ese momento el avión no llevaba droga alguna, sin embargo se presume que hizo una escala en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, donde cargó los más de 900 kilos de cocaína y reaundó su vuelo hacia México, presumiblemente al sitio de donde había partido: Cozumel.

Sin embargo fueron descubiertos por la Fuerza Aérea Mexicana que obligó a los tripulantes a descender en Mahahual, cercano a Cozumel, y al revisar el aparato se descubrió el cargamento de coca, por lo que fueron detenidos el piloto y copiloto, y asegurado el avión y la droga.

Posteriores investigaciones revelarían que tanto el piloto, Aldo López Matienzo, como el copiloto Miguel Ángel Blásquez Vallejos, son de nacionalidad boliviana y el primero ya se vio involucrado con el crime organizado.

Conforme a investigaciones porteñas, se sabe que Blásquez Vallejos es familiar de Dora Vallejos Vallejos, del Movimiento Al Socialismo (MAS), ligada estrechamente al ex presidente Evo Morales y a otros ex políticos bolivianos de primer nivel.

Blásquez Vallejos conoce bien el terreno boliviano, ya que trabajó en una aerolínea que cubría la ruta Santa Cruz de la Sierra-Tarija-Salta y el año pasado participó en un accidente con una avioneta en un campo de Las Conchas, Bolivia, pocos minutos después de despegar de una pista clandestina.

De acuerdo a los antecedentes y a la innegable presencia del Cártel de Sinaloa en aquella nación, las autoridades de los tres países coinciden en que la droga había sido enviada a dicha organización.

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