La Barriada/Martín Aguilar/Nadie sabe para quién trabaja

La capital de la República es una ciudad segura, limpia, cultural, con grandes servicios en educación, salud, transporte, agua potable y drenaje. No hay crimen ni gente desamparada, pues todos tienen al menos una beca que les da para comer y estudiar.

Tampoco hay desempleo ni estancamiento económico y, lo más importante, se ha erradicado la corrupción en obras, contratos, concesiones y todo tipo de prestación de servicios públicos.

En la CDMX nadie sufre por atención médica de primera y todo mundo tiene acceso a educación de calidad en cualquier grado, pues los niños no sólo tienen garantizado un lugar en la escuela, sino también su alimentación, uniformes, útiles y hasta una lanita extra.

Esta Ciudad no la soñó ni Obama, y seguramente es la envidia de Noruega, Alemania, Dinamarca, Suiza o cualquier potencia mundial que presuma estar mejor equipada en todo lo referente a servicios a sus comunidades.

Es claro que con todo lo que ofrece la Ciudad de México a sus habitantes y a quienes la visitan, en el resto del mundo la envidia debe estar a todo lo que da entre sus gobernantes, que, seguramente ven a las autoridades capitalinas como un ejemplo mundial a seguir.

Y todo ello fue logrado en menos de dos años por el gobierno de la Cuarta Transformación, que apenas llegó el 5 de diciembre de 2018, y en tan sólo 21 meses acabó con 30 años de neoliberalismo y le cambió el rostro a la capital.

Se acabaron los pobres, los desamparados, y los ciudadanos hoy disfrutan de servicios de primer mundo, calles limpias y jardines, pero sobre libres de corrupción. Quien no lo quiera ver así debe ser un miope o un apátrida.

La capital es un lugar seguro para las mujeres, y es mentira lo que profesan los colectivos que marchan en contra de las autoridades porque no se sienten atendidas. Es mentira, se deben sentir seguras y protegidas.

Al menos esa es la ciudad que describió ayer Claudia Sheinbaum en su segundo informe virtual, leído desde el Museo de la Ciudad y transmitido al Congreso local —al que no quiso asistir— y al Antiguo Ayuntamiento, donde la jefa de Gobierno tenía a sus invitados.

Luego de escuchar su mensaje, no queda más remedio que pensar que los ciudadanos que a diario se quejan de asaltos, falta de transporte, empleo, agua, comida, atención médica o inundaciones y contaminación, sólo lo hacen por molestar.

No alcanzan a ver que la capital del país es la Ciudad más bonita del mundo, a la que ni el covid-19 pudo afectar.

Esa es la realidad que visualiza Claudia, si alguien la ve distinta.

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