Actividad código azul para casos Covid-19

Martín Aguilar

La dura realidad de la pandemia de covid-19 y la falta de insumos para atender la alta demanda de atención médica llevó a las autoridades de la Ciudad de México a crear el código azul, con el cual se descarta dar atención prioritaria a los pacientes que los paramédicos consideren que tienen pocas posibilidades de sobrevivir y no sean intubados.

El Centro Regulador de Urgencias Médicas (CRUM) tiene clasificaciones para determinar los signos vitales de los pacientes, desde mediados de diciembre: código blanco y código azul.

Una persona clasificada con el código blanco es la que consideran con posibilidades de que se recupere; la que es catalogada con el código azul es aquella cuya saturación de oxígeno es menor a 45%, cuenta con alguna de las comorbilidades, que agravan el padecimiento o son mayores de 65 años.

Para ellos, los pacientes con código azul ya en el hospital, en algún pasillo en el área de urgencias sólo quedan los tratamientos paliativos.

Entre los síntomas que pueden presentar los pacientes con pocas posibilidades de sobrevivir son muchísima dificultad para respirar, tos, fiebre y dolores de cabeza, brazos y piernas.

Los cuidados paliativos que se dan al paciente tienen por objeto controlar el dolor, limpiar sus secreciones y ayudarles a respirar mejor. También necesitan apoyo cuando van al baño para poder desplazar sus tanques de oxígeno, pues la mayoría son aparatos muy pesados que deben tener a su lado en todo momento o de lo contrario se estarían asfixiando de nuevo.

Hace unos días se revivió el debate sobre las decisiones médicas para brindar más atención a unos pacientes que a otros, de acuerdo con los recursos que se cuentan, pues la Agencia de Servicios Médicos de Emergencia del condado de Los Ángeles, California, ordenó a los equipos de ambulancias que no transporten a hospitales a pacientes con pocas posibilidades de sobrevivir y que conservaran el oxígeno para quienes valoraran que podrían superar la enfermedad y en la Ciudad de México, el Centro Regulador de Urgencias Médicas (CRUM), pidió a los paramédicos clasificar a los pacientes de covid-19 como “no recuperables”, a través de un “código azul”.

El crecimiento de los contagios y la demanda de atención médica llevaron a la capital mexicana al dilema de aplicar la llamada “medicina de guerra”, destinada a atender a aquellos que pueden vivir.

José Ángel Córdova Villalobos, el exsecretario de Salud a nivel federal, quien atendió la epidemia de influenza AH1N1 en 2009, comentó a Excélsior durante la primera ola de contagios y muertes en la pandemia por covid-19 que “lo que enfrentan otros países (como sucedió en ese momento en Italia), donde a falta de respiradores o ventiladores desconectan a una persona, porque ya tiene más de 80 años, para dárselo o ponérselo a un paciente menor de 60, es criminal. Eso es lo que a mí me aterroriza, que vayamos a enfrentar alguna situación así”, realidad que ocurrió en la Ciudad de México, nueve meses después de esta entrevista, pues sólo unos cuantos serán quienes puedan tener el apoyo de un equipo de ventilador, de acuerdo con sus posibilidades de supervivencia.

También, desde el 30 de abril de 2020, la Secretaría de Salud publicó la Guía Bioética para la Asignación de Recursos Limitados de Medicina Crítica en Situación de Emergencia, en la que precisamente se estipula que las y los profesionales de la salud que enfrentan a la covid-19 tienen prioridad en la asignación de recursos escasos, de así requerirse.

El miércoles 6 de enero, en el Hospital Central Militar estaban ocupadas sus 204 camas, las 86 de terapia intensiva y las 118 de hospitalización covid, de acuerdo con su propia pantalla, en la que se leía: “Situación ROJO”; además de los 70 pacientes civiles que estaban en urgencias sentados en sillas.

Desde mediados de diciembre, cuando se ordenó aplicar el código azul, los contagios y muertes relacionadas con covid-19 se han incrementado. El día 19 del pasado mes quedó registrado en el C5 que hubo pacientes que esperaron un promedio de dos horas y 35 minutos para recibir atención de una ambulancia, lo que cuadriplicó el tiempo en que llegaba la asistencia.

Médicos y enfermeras, al interior de estos hospitales nos mencionaron que ya es notoria la falta de medicamentos, como dexametasona, enoxaparina, linezolid, meropenem, azitromicina y hasta paracetamol; también faltan pruebas RT/PCR.

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