La Barriada/Martín Aguilar/Donde manda capitán

Consciente de que no será el elegido para la candidatura de Morena en la CDMX, Martí Batres se empieza a trazar un árido camino a fin de que, apenas sea nombrado gobernante sustituto en la capital, construya un equipo para reclamar posiciones en 2024.

De hecho, ya comenzó a encuestarse en redes sociales, a fin de medir su popularidad y subirse a la contienda, sobre todo ahora que la jefa de Gobierno anda más concentrada en su precampaña por los estados, que en la operación política de la ciudad.

Las fricciones con otros grupos morenos que también aspiran a las candidaturas capitalinas se han intensificado y, por ejemplo, en GAM los tironeos son cada vez más frecuentes con el alcalde Francisco Chíguil, quien antes fue su aliado.

En ese territorio, además del secretario de Gobierno, también tienen metidas las manos los diputados locales Nazario Norberto Sánchez, Janecarlo Elizondo y Yuriri Ayala, quienes aspiran a la alcaldía.

La lucha interna le está descomponiendo el cuadro a Chíguil, que ya no las trae todas consigo para imponer como relevo a su esposa, la diputada federal Beatriz Rojas, y en una de ésas hasta tiene que entregar ese espacio a la oposición en 2024. Pero no es el único lugar donde hay camorra interna, pues Batres tampoco la lleva con la alcaldesa de Iztapalapa, Clara Brugada, quien tiene entre sus filas a la fiscal Ernestina Godoy y la lideresa de la bancada pejista en Donceles, Martha Ávila, por ejemplo.

Dicen que estos dos alcaldes, que encabezan los dos territorios con los padrones electorales más grandes de la capital, traen ya una alianza y que no es precisamente con Martí.

Por eso ahora que ya se visualiza como el gobernante sustituto en la capital, cosa que ocurrirá cuando Claudia Sheinbaum pida licencia para buscar la postulación de Morena a la Presidencia de la República, Batres se empezaría a mover. Le urge construir un equipo político importante –con el que de momento no cuenta– para subirse a la contienda, pero insisten en que será solamente para vender caro su amor a quien sea la opción oficial para la candidatura, a cambio de posiciones.

Quiere aplicar la vieja práctica de apuntar hasta arriba, para ver si cae al menos en medio y, para ello, está juntando sus canicas. Alguien debería recordarle que ya no está en el PRD, donde se podían negociar canicas a cambio de huesos. En Morena manda un solo hombre y ése no negocia; ése no le debe nada, por lo cual no tiene obligación con él.

Si Martí cree que podrá presionar para que le suelten algunas alcaldías y curules a cambio de que se baje, se equivoca. Y es que el Presidente no acostumbra a actuar como lo hacían en el sol azteca, donde en la negociación cada uno obtenía el valor de sus fichas.

Si el funcionario quiere juntar canicas para buscar inter- cambiarlas, le haría bien recordar que en Palacio Nacional se juega balero, no canicas, y ese juego es individual.

Por ello el camino para el exintegrante del CEU de la UNAM se ve muy cuesta arriba, por mucho que pueda cilindrear a unos cuantos morenistas necesitados de atención.

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