La Barriada/Martín Aguilar/Lo que no se ve, no se juzga

Cada vez se habla más del papel que jugarán las encuestas en las definiciones políticas para 2024, y el gran riesgo para los partidos es que cada quien las acomode a su conveniencia, dejando de lado la objetividad.

Si bien esos ejercicios estadísticos toman el pulso de quiénes pueden ser los más populares —para bien o para mal—, en las actuales circunstancias se debe tener cuidado cómo se usan, sobre todo el partido oficial.

Es de llamar la atención —por ejemplo—que el presidente Andrés Manuel López Obrador mantenga una buena aceptación entre los potenciales electores, a pesar de que su gobierno es mal calificado.

En temas como seguridad, salud, economía, empleo e infraestructura, por ejemplo, la 4T sale con pésimos números, lo que tendría que traducirse en un gobierno reprobado.

Pero no, la mayoría de la gente está de acuerdo en cómo gobierna López Obrador.

Ésa es la lectura que se debe analizar, pues las actuales encuestas reflejan que la popularidad es del Presidente y de nadie más.

La importancia del tema es que la gente quiere a Andrés Manuel por su lucha, no por ser presidente, y esa variante tendría que ser analizada por la 4T, sobre todo porque en 2024 no contarán con él en las boletas.

Ningún liderazgo ni carisma se heredan, lo único que se hereda es los resultados de los gobiernos, y en ese rubro los números no favorecen a los morenos.

Y es que, a diferencia de los últimos presidentes, López Obrador llegó con un apoyo abrumador. Con mayoría en las Cámaras legislativas para hacer lo que quisiera, lo cual aprovechó para intentar transformar al país.

Pero como sus estrategias no están dando los resultados esperados, lo más probable es que dentro de dos años quien encabece la candidatura de Morena tenga que cargar con esos negativos, a menos que tomara distancia de la actual administración, cosa improbable.

Porque, si el candidato oficial ofreciera dar continuidad a las políticas implementadas, la tendría muy cuesta arriba para refrendar el triunfo de 2018.

Y esa situación puede trasladarse a la Ciudad de México, si la gente no percibe mejoras en su calidad de vida.

Ya ocurrió en junio pasado, cuando la mayoría de las alcaldías gobernadas por Morena pasaron a la oposición, precisamente porque quienes estuvieron al frente entregaron muy malas cuentas y la ciudadanía se las cobró.

Por eso es importante la percepción de que la seguridad va aumentando en la CDMX, pues ésa es la demanda ciudadana número uno. Pero eso debe ir aparejado con una buena procuración de justicia; combate a la corrupción y la mejora de servicios públicos.

En lugar de ello hay opacidad, encubrimiento a malos funcionarios y pésima coordinación interinstitucional. Asuntos como el pésimo manejo de la tragedia en la Línea 12 del Metro les pegaron electoralmente a los morenos y siguen restándoles puntos.

Por eso deben leer de manera objetiva las encuestas, para que les sean de utilidad y no un espejito mágico.

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