El AIFA luce vacía, pese a que tiene capacidad para 19 millones de pasajeros

Rebeca Marín

Tras cuatro meses de haberse inaugurado la terminal aérea de Santa Lucía, en las instalaciones predomina la ausencia de usuarios.

De la música que dio la bienvenida al presidente Andrés Manuel López Obrador al aeropuerto de Santa Lucía, el 21 de marzo, cuando cortó el listón, ya no queda ni el eco. En la zona de despegues de la terminal de pasajeros hay completo silencio.

El piso se mantiene impecable como si nadie lo hubiera pisado desde la inauguración. Los baños, ya funcionales, son solo ocupados por el personal que trabaja en el edificio y la mitad de la planta permanece cerrada en espera de que lleguen aerolíneas a ocuparlas.

Tras cuatro meses de operación e intentos por llevar nuevos vuelos a la mega obra, siguen siendo más los turistas quienes asisten a las instalaciones a tomar fotografías y no a abordar un avión.

Mientras que en aeropuertos como el de Cancún los niveles de afluencia ya superan lo registrado en la pre pandemia (con 10.6% más que en 2019), en mayo, el de Santa Lucía registró 32,561 pasajeros, de acuerdo con la Agencia Federal de Aviación (AFAC).

Para mejorar la situación, el gobierno acordó con las empresas de aviación incrementar la cantidad de rutas disponibles, por lo que se espera que para septiembre haya alrededor de 100 operaciones diarias.

Actualmente operan solo VivaAerobus, Volaris, Aeroméxico y la venezolana Conviasa, con alrededor de seis vuelos al día (de acuerdo con la información oficial del portal del AIFA).

Casi todos los detalles pendientes del AIFA el día de su inauguración han sido resueltos. Los baños temáticos ya tienen agua, existe una entrada principal que conecta desde el Circuito Exterior Mexiquense y una terminal de autobuses con horarios y rutas más definidas. Por ejemplo, ADO tiene viajes a la Ciudad de México en tres horarios por un costo de 120 pesos.

El estacionamiento cuenta con pensión y tarifas (30 pesos la hora, 230 pesos el día y 1,040 pesos el mes) y los jardines han sido terminados.

Sin embargo, el espacio creado es visitado sólo por unas cuantas personas. Un miércoles 5 de julio, a la una de la tarde, cuando en el Aeropuerto de la Ciudad de la México (AICM) hay fila para entrar a los filtros de seguridad, en el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) los mostradores de Conviasa y Aeroméxico no tienen personal que los atienda.

En la sala de salidas, la escena cambia en la puerta del vuelo que aterriza desde Tijuana, en donde personas esperan con un café de Starbucks en la mano, la única cafetería abierta en la planta baja del edificio. El resto de locales son ocupados poco a poco y las mantas con la leyenda de “local disponible” han cambiado por “próximamente”, aunque permanecen los espacios sin inquilinos.

El aeropuerto tiene pactada la llegada de 18 comercios para la zona de llegadas, así como dos cajeros. En la zona de salidas, hay 43 marcas registradas, lo que pronto representará una ocupación de 22% de todos los locales existentes.

En el corredor cultural la escena cambia a pesar de ser día laboral. Los estacionamientos de los museos, como el del Mamut o el Tren Olivo, están ocupados. Las personas se toman su tiempo para visitar cada una de las atracciones que son cuidadas por los militares, casi sin siquiera percibir que hay un aeropuerto en operación a unos cuantos metros.

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