La Barriada/Martín Aguilar/El enemigo en casa

Aún está distante la designación del candidato de Morena para 2024, y ya se registra una lucha encarnizada entre los principales actores.

¿En qué momento atienden sus responsabilidades? Es difícil adivinar, puesto que el ambiente de la 4T está impregnado de la sucesión de López Obrador.

La prioridad de las tribus morenistas es impulsar cada grupo a su candidato, mediante mítines y pinta de bardas, principalmente.

Otra ruta es el control del partido Morena y sus órganos de decisión como sucede con la Comisión de Honestidad y Justicia Partidaria.

La maquinaria partidista opera en forma de complot contra el canciller Marcelo Ebrard, el secretario de Gobernación, Adán Augusto López y el senador Ricardo Monreal.

Lo anterior porque Morena está bajo el control de los afines de la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum.

En los viejos tiempos a eso se le llamaba “la cargada”, lo que significa que en su mayoría se pliegan a quien le ven posibilidades o que lleva la bendición del Presidente.

Resulta entonces que los comprometidos con Sheinbaum, difícilmente dejarán pasar a López Hernández.

En los corrillos políticos es conocido que el presidente de Morena, Mario Delgado abandonó a Ebrard.

Ahora responde a las indicaciones de la jefa de gobierno, motivo por el cual quedan deshabilitados sus competidores, al menos en lo que corresponde al filtro partidistas.

Bajo esas circunstancias, Monreal no tiene ninguna oportunidad porque a la luz de todos es acérrimo rival de Sheinbaum.

¿Cómo funciona la mecánica al interior de Morena? A mayor número de consejeros, más oportunidades para quien los detente.

Pero además, la clave está en que la Comisión de Honestidad y Justicia Partidaria, está “secuestrada” por el grupo afín a Sheinbaum.

A dicho órgano le corresponde otorgar la ideoneidad de las candidaturas a aspirantes a consejeros.

Eloísa Vivanco Esquide, en calidad de presidenta de dicha comisión, así como Bertha Luján, Citlalli Herrera y Citlalli Hernández, certificarán a los nuevos consejeros.

De esa manera, estarán en posibilidades de elegir a los dirigentes estatales y maniobrar para poner toda la estructura de Morena a las órdenes de la jefa de gobierno.

Así es que independientemente de la decisión final de López Obrador sobre quién lo sucederá, Sheinbaum ya controla su partido y podrá inclinar la balanza a su favor.

De esa manera se entiende la exigencia de “piso parejo” del canciller Ebrard y el reforzamiento del entorno de Adán Augusto.

La lucha encarnizada por el poder aún tiene mucho por delante al interior del partido en el poder.

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