La Barriada/Martín Aguilar/Nadie sabe para quién trabaja

Cansados de las derrotas y con el evidente declive de Morena en la Ciudad de México, en Palacio Nacional reactivaron a Gabriel García Hernández como operador estrella y se lo impusieron a Claudia Sheinbaum para intentar recuperar el terreno.

El ex coordinador de los Chairos de la Nación, perdón, Cuervos de la Nación, perdón otra vez, Siervos de la Nación, fue habilitado ante los descalabros que la jefa de Gobierno ha coleccionado después de 2018. Como ven que la doctora no acaba de entender el tema, desde arriba decidieron inundar la ciudad con programas sociales y campañas de difusión, a fin de ir preparado el terreno para 2024.

Al mismo tiempo, García Hernández comenzó a visitar alcaldías para hablar con los liderazgos locales e insistirles en que deben hacer campaña permanente para promover las bondades de la transformación.

Con un estilo de predicador y acompañado por su esposa, el operador estrella recorre los territorios hablando de amor al prójimo y de los sacrificios que los morenistas tienen que hacer para aumentar el número de conversos a la 4T.

Pero el enviado presidencial prepara también un jalón de orejas a los diputados locales, a quienes llamará de uno en uno para que le informen qué es lo que están haciendo en sus distritos, pues existe la impresión de que se echaron a la hamaca.

La mayoría cayó en el confort, creyendo ilusamente que los 33 millones de votos que el presidente les acercó en 2018 en realidad los ganaron ellos y que los van a estar esperando en las urnas dentro de dos años.

El nuevo operador les exigirá cuentas sobre las constantes derrotas en la capital, en las que, si bien influyeron las malas decisiones de Claudia, los legisladores tampoco entregaron buenas cuentas.

Algunos se quejan de que, a pesar de que Víctor Hugo Romo perdió por segunda vez la Miguel Hidalgo ante el PAN, García Hernández lo sigue protegiendo e, incluso, que mantiene al exalcalde como una de sus rémoras.

Cuando entre 2015 y 2018 Romo Guerra era diputado local del PRD, incluso sus propios compañeros lo querían llevar a juicio por serias anomalías en su paso por el gobierno delegacional; lo rescató por primera vez Gabriel García, quien lo cobijó en Morena.

Lo impulsó para que fuera de nuevo alcalde y tres años después lo tuvo que rescatar de nuevo, pues volvió a perder.

Le consiguió cobijo como asesor con la jefa de Gobierno, aunque dicen que él prefiere seguir como sanguijuela pegado a su padrino.

La situación está muy tensa y se pondrá peor, porque, a más de dos semanas de sus elecciones internas, es hora que Morena no ha dado los resultados, lo que impide incluso la renovación de su dirigencia local.

En vía de mientras, les imponen un operador que, al menos, lo sabe.

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