La Barriada/Martín Aguilar/El campeón de los acarreos

El Presidente Andrés Manuel López Obrador anunció su propia marcha para el próximo domingo 27 de noviembre.

Casualmente lo hará del Ángel de la Independencia al Zócalo, a diferencia de la movilización rosa que llegó al Monumento a la Revolución.

“La gente quieren que marchemos”, dijo sin que nadie la preguntara en la conferencia de Palacio Nacional.

Es evidente que el mandatario quedó inconforme con la marcha por la democracia que reunió a unas 850 mil personas, según expertos.

López Obrador dice que en el Zócalo caben 125 mil. Vaya reto impuesto. Tendrá que superar la concentración del pasado domingo 13 de noviembre.

De otra manera se expondrá al escarnio público. Incluso se arriesga a que el secretario de gobierno, Martí Batres declare que solo marcharon 10 mil personas.

En resumidas cuentas, la marcha del Presidente será la del descontento gubernamental. Será la movilización de la venganza.

O bien como se difunde en redes sociales, será la marcha del acarreo. No es para menos. Así funciona la estructura de la 4T.

A horas del anuncio de Palacio Nacional, en distintas áreas del gobierno morenista empezó a surgir la inconformidad.

Servidores públicos han hecho saber su desacuerdo porque estarán obligados a marchar el domingo atrás de López Obrador.

¿Por qué tiene que marchar el Presidente? ¿Para ganar popularidad? ¿Acaso no es el segundo Presidente de mayor aceptación en el mundo? ¿O es mentira?

Es claro que quiere los reflectores, tal y como se enfocaron a la magna concentración rosa del pasado domingo.

En los hechos veremos a un presidente convertido en activista político. La casaca que más le gusta.

¿Pasará de ser El rey del cash al rey de acarreo? Es claro que así sucederá. Gobernadores, senadores, diputados, alcaldes, regidores y dirigentes, se disputarán el premio al mayor movilizador.

Nada nuevo habrá en el horizonte con este gobierno. Será una película ya vista. Los acarreados serán los beneficiarios de la dádiva oficial.

Y el Presidente volverá al pasado, época en que los mandatarios recorrían Reforma en carros descubiertos para recibir el aplauso de las masas.

López Obrador convertirá la marcha en un besamanos multitudinario para culminar en el Zócalo. La idolatría a su máxima expresión.

Lo dicho, el Presidente quiere ser el único dueño de las calles y de la protesta.

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