La Barriada/Martín Aguilar/Lo peor está por venir

Contraproducente resultó la decisión del presidente Andrés Manuel López Obrador de organizar su propia marcha.

Ello fue resultado de la ira que le causó la ola rosa del 13 de noviembre que saturó Reforma, principal avenida de la Ciudad de México.

Desde el momento del anuncio de que marchará el 27 de noviembre las críticas han sido demoledoras.

En forma sistemática las redes sociales se volcaron iracundas, con todo e insultos por la decisión presidencial.

Hoy se le revirtieron las “benditas redes sociales” que en su momento fueron la catapulta que lo proyectó al poder de la mano de la clase media.

Desde que empezó a circular “El rey del cash”, las críticas a la 4T, a Morena y al presidente no han cesado.

Y a dos semanas de la “Marcha por la democracia”, la conclusión es que la clase media, la sociedad civil y los partidos políticos de oposición ya decidieron el paso a seguir en 2024.

Es decir que la marcha del 13N, se convirtió en un referéndum que reprobó la administración del político de Tabasco.

Significó el rechazo a todas sus políticas clientelares, y el hurto a las nóminas bajo el pretexto de continuar apoyando su movimiento.

Esto último salió a la luz pública inmediatamente después de que corrió la noticia de la contramarcha del próximo domingo.

Analistas, comentaristas, conductores de radio y televisión, han abordado las diferentes vertientes del movimiento rosa.

Incluso, a ello se le atribuye que PAN, PRI y PRD, hayan iniciado el camino para limar asperezas.

El primer paso ya lo dieron para las elecciones del próximo año en el Estado de México y Coahuila. Anunciaron que caminarán juntos.

En los hechos, López Obrador ha colocado su gobierno y popularidad contra la pared. Todavía no se celebra la marcha y ya perdió el debate mediático.

Todo ello derivado de filtraciones de las cuotas que le corresponderá para llevar acarreados a gobernadores, alcaldes, legisladores, delegados y dirigentes.

El mayor reto lo tendrá la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, quien al ser la consentida del presidente tendrá la obligación de llevar la mayor cantidad de personas a la movilización guinda.

Dicho debate ha ocasionado que al presidente se le moteje en redes sociales con el hashtag de “El rey del acarreo”.

Y por lo visto ha fallado y perdido terreno en definir la agenda nacional, como sucedió en los cuatro años de su gestión. Tomó una decisión contraproducente.

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