La Barriada/Martín Aguilar/El pez por su boca muere

Sin mayor empacho el Presidente Andrés Manuel López Obrador admitió tener diferencias con un grupo de periodistas.

“Nosotros tenemos diferencias con los voceros del conservadurismo”, dijo durante su conferencia matutina de ayer.

Antepuso, “lo digo con mucho respeto”, cuando se refirió al periodista Ciro Gómez Leyva, quien recientemente fue objeto de un atentado del cual salió ileso.

De igual forma se refirió a Joaquín López-Dóriga, a Denise Merkel y a Carlos Loret de Mola. “Ganan hasta un millón de pesos mensuales”, criticó.

“Ni que fueran lumbreras, ¿no? Ni que fueran tan inteligentes, es que tienen la misión de proteger intereses de grupo”.

Incluso se atrevió a decir que el periodista Jorge Ramos, quien lo ha cuestionado duramente en las conferencias, “debe ganar como tres millones de pesos mensuales”.

Está visto que al Presidente tampoco le agrada que los empresarios dueños de medios de comunicación paguen buenos salarios a los periodistas.

Eso es lo que nunca ha admitido, ni admitirá. La animadversión de López Obrador hacia los periodistas no es nueva. Siempre ha estado en contra del ejercicio de la libertad de expresión.

Para el político de Tabasco, quien no está con él está en su contra. Eso lo ha dicho a los cuatro vientos.

Critica a los que exhiben corruptelas de su gobierno, pero le aplaude a los que le queman incienso.

Durante su paso como jefe de gobierno, López Obrador también tuvo de su lado a un grupo de jóvenes reporteros que lo admiraban y aplaudían. Se reunían con él e incluso lo invitaban a desayunar.

Eso es absolutamente verídico. Lo pueden constatar informadores que cubrieron sus actividades por esas fechas. Pero ni a ellos los defendió de las agresiones de sus seguidores durante la protesta de Paseo de la Reforma en 2006.

López Obrador siempre prometió ayudarle al gremio. Eso lo dijo desde que asumió como jefe de gobierno. Han pasado 22 años. ¿Ha hecho algo? Nada.

Por el contrario, al inicio de su administración despojó de sus oficinas a los integrantes del Club Primera Plana, quienes tenían en comodato el inmueble que ahora está abandonado.

Para entrar a Palacio Nacional a preguntarle, reporteros tienen que hacer lista de espera hasta de 15 días. Cuando les toca el turno, el tema que buscaban abordar quedó desfasado.

En este gobierno la libertad de expresión debe esperar. Está claro. Pero el falso derecho de réplica del cual ha abusado hasta el cansancio, ese sí existe todos los días.

No hay día en que el Presidente no ataque a los medios de comunicación y a los periodistas.

Lo de ayer es uno más de esos ejemplos: ejercen “una práctica de información viciada, tendenciosa, sectaria, interesada, mentirosa, manipuladora”.

“La mayoría de los medios de información convencionales está en contra nuestra abiertamente, no hay ningún equilibrio, no hay objetividad, no hay profesionalismo”, señaló.

Para rematar pidió no descartar ninguna hipótesis en el atentado contra Ciro Gómez Leyva. “La única hipótesis que se debe descartar (…) es que nosotros, el gobierno que represento no es un gobierno represor”.

El día del atentado contra Ciro, López Obrador se solidarizó con él pero ayer lo atacó de nuevo.

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