La Barriada/Martín Aguilar/Ojos que no ven

La población apartidista en México es aproximadamente el 54% del sector de adultos.

Eso significa que más de la mitad de la población define el umbral de definir el rumbo de la aprobación de Andrés Manuel López Obrador.

Según el encuestador Alejandro Moreno, la aprobación del presidente entre los apartidistas comenzó en 65% en 2019.

Para los dos años siguientes su aprobación bajó a 57 y 54%. Este 2022 el promedio oscila en 51%.

De lo anterior se desprende que los últimos acontecimientos negativos para el mandatario aumentarán su desencanto entre los apartidistas.

Hay tres hechos reveladores: primero la irrupción del libro “El Rey de Cash”, el cual prendió los focos rojos en Palacio Nacional.

Segundo: la monstruosa movilización de un millón 200 mil mexicanos presionados, manipulados y pagados para aplaudirle al presidente.

El excesivo y grosero gasto de los tres niveles de gobierno llevó a que el político de Tabasco, fuese bautizado en redes sociales como “El rey del acarreo”.

El atentado contra el periodista Ciro Gómez Leyva, hizo crujir Palacio Nacional y el ego presidencial.

El hecho, ahondó la confrontación del presidente con periodistas y medios de comunicación.

Son tres elementos que han ensanchado el apartidismo principalmente entre los jóvenes.

Así es como se entiende la estrategia de López Obrador de entregar becas a los jóvenes, sobre todo a los que no trabajan. Se trata de atraparlos.

Hasta ahí puede estar bien la mecánica presidencial, pero contrasta con el importante segmento juvenil escolarizado, consiente de la realidad y alejado de la política.

Y es claro que el sector apartidista o los que no adelantan sus preferencias, definen una elección.

Lo hacen inclinándose contra de lo establecido, es decir que rechazan el gobierno en turno que no satisface sus expectativas.

La Carpeta Púrpura en su edición del 8 de diciembre, señala que 13 millones de mexicanos que aprobaban el trabajo de López Obrador en 2019, hoy lo repudian.

Lo más representativo es que de ese porcentaje el 61.2% es apartidista y 38.2% oposicionista.

Ello alertaría a cualquier gobierno para cambiar. Pero lejos de eso, el actual atiza la crispación y polarización. Se confronta con todos a toda hora y en todo momento.

Lo anterior ha sumido en la encrucijada a la 4T, porque sus políticas han probado su fracaso, incluso entre los propios morenistas cada día hay más desencantados.

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