21 abril, 2026

El tirador de Teotihuacán Julio César Jasso Ramírez celebraba la matanza de Columbine y a la ultraderecha fas cista

El tirador de Teotihuacán Julio César Jasso Ramírez celebraba la matanza de Columbine y a la ultraderecha fascista
*Las autoridades del Estado de México identificaron al agresor como un hombre de 27 años originario del norte de Ciudad de México. Es una de las víctimas mortales del suceso junto a una turista canadiense de 32 años

Redacción

Un sujeto al final identificado como Julio César Jasso Ramírez, mató a una turista canadiense y generó un tiroteo en lo alto de la Pirámide de la Luna el lunes al medio dia, tras asegurar y gritar a los turistas atrapados que estaba celebrando la Masacre de Columbine y el poder de la ultraderecha facista en México y el Mundo, informaron elementos de la Guardia Nacional presentes en el lugar
Las primeras imágenes de de video de turistas y ciudadanos que se percataron en el que solo hombre con un arma corta tuvo sometidas a decenas de personas en lo alto de la Pirámide de la Luna, en la concurrida zona arqueológica de Teotihuacán (Estado de México).
La Guardia Nacional dijo que entre la gente aterrorizada hay muchos turistas extranjeros. En los vídeos que han saltado a las redes se los ve pecho en tierra u ocultos detrás de las piedras que sobresalen de la propia pirámide.
Un hecho que duró cerca de una hora el asesino ―que mató a una persona de nacionalidad canadiense― se paseó con parsimonia en esa altura que ha elegido como escenario.
Julio César Jasso Ramírez de 27 años parece consciente de que lo observan, lo graban, lo temen. Todo el mundo petrificado mientras el atacante, camina hacia su equipaje, se agacha, extrae probablemente cartuchos, y luego, arma en mano, un revólver calibre .38, regresa hacia donde están postradas las que serán sus víctimas.
Los videos, grabados a decenas de metros de distancia por los visitantes que están a los pies de la pirámide, no permiten observar los pequeños detalles, pero lo que importa, ahora, es la imagen amplia, su deplorable hazaña ante el mundo: el sujeto, que lleva indumentaria militar, balancea el brazo con el arma, apunta al cielo, luego hacia la gente tirada bocabajo, y dispara una, dos, tres veces.
Así, los tiros espaciados por un breve descanso macabro, como si cada detonación y su intervalo fuese un mensaje codificado.
El atacante hirió a siete personas con el arma. Otras seis sufrieron lesiones corporales y fracturas al calor de la refriega.
Según la Fiscalía del Estado de México, Jasso Ramírez se suicidó con su propio revólver, tras haber sido herido en una pierna por elementos de la Guardia Nacional, que llegaron al sitio para atender la crisis.
Las autoridades esperaron hasta el día siguiente de la matanza para dar detalles que permiten entender el crimen de un lobo solitario contra una multitud aleatoria, que usó para ello un arma de fuego.
Es inevitable pensar en las matanzas que son frecuentes en Estados Unidos, a las que no están habituados los mexicanos.
Ahora se sabe que el asesino era originario del Estado de Guerrero y que vivía en Ciudad de México, según la identificación que las autoridades hallaron entre sus pertenencias.
En una mochila llevaba decenas de cartuchos, un cuchillo y panfletos relacionados con la masacre del Instituto Columbine, Colorado, Estados Unidos, ocurrida el 20 de abril de 1999, tomada por él como una efeméride.
La Fiscalía mexiquense considera que Jasso Ramírez tenía “un perfil psicopático” que lo volvió un copycat, un imitador que replica crímenes icónicos. Su inspiración fueron los dos estudiantes de Columbine que asesinaron con rifles de asalto a 12 compañeros y un profesor, e hirieron a 24 personas más.
Después, se suicidaron. Ese hecho se ha convertido en una de las mayores estampas de la epidemia de las armas y sus víctimas en EE UU.
El perfil de las víctimas ―todas extranjeras― y los signos elegidos por el atacante aportan más pistas sobre un crimen movido por el odio, por mucho que la Fiscalía del Estado de México insista en que Jasso Ramírez simplemente tenía “una psicopatía, un padecimiento, una enfermedad”.
“Estaba desconectado del mundo real”, ha dicho el fiscal, José Luis Cervantes. No obstante, el periódico Milenio encontró que Jasso Ramírez era un seguidor de Hitler y llegó a publicar fotografías suyas haciendo el saludo nazi, lo que le aproxima a la ultraderecha fascista.
También se ha hecho referencia a la playera que llevaba el atacante, que tenía estampada la leyenda “Disconnect & Self-Destruct” (Desconectarse y autodestruirse).
El medio Milenio ha señalado que la leyenda es de uso común en la True Crime Community (TCC, por las siglas en inglés de Comunidad del Verdadero Crimen), en la que estaban involucrados desde entonces los asesinos de Columbine. Mientras la relación del atacante de Teotihuacán con la TCC no es exactamente clara, lo cierto es que diversas organizaciones han advertido de la proliferación de las ideas de esa organización difusa, especialmente en lo relativo a la “violencia performativa” o “violencia nihilista”.
Sello este que se repite en crímenes aparentemente inconexos, en países distintos, donde el arma asesina puede ser una pistola o un puñal, donde las víctimas son personas aleatorias en una multitud, y donde el denominador común es que el atacante es siempre un hombre.
Este inusual crimen ocurre como un eco del asesinato, hace apenas tres semanas, de dos profesoras de bachillerato por parte de un adolescente de 15 años, en Michoacán. Este atacante usó un rifle de asalto AK-47.
Momentos antes del homicidio, el muchacho se grabó frente a su espejo posando con el arma. En otras historias sueltas subidas a sus redes, publicó mensajes que lo identifican con la machosfera de la comunidad incel, un movimiento de hombres que profesa el odio hacia las mujeres y reivindica una masculinidad lastimada y resentida.
En ese aspecto, el asesinato de Michoacán evoca a otro crimen semejante, sucedido dentro de un bachillerato de la prestigiosa UNAM, en septiembre de 2025.
Un estudiante fue asesinado con un cuchillo por un hombre de 19 años que ingresó al plantel a atacarle. El victimario hizo varias publicaciones en las redes donde se describía como un joven atrapado en la soledad y el resentimiento.
En foros incels (término para “célibes involuntarios”, hombres que se consideran despreciados por las mujeres), escribió mensajes que dejaban ver su disposición a matar.
La semana pasada, México celebraba el histórico descenso de la cifra de homicidios en una década ―a un promedio de 50 mensuales―, tras el largo periodo de violencia enmarcada en la guerra contra el narco. El asesinato de Teotihuacán da cuenta de otro tipo de violencia que ha anidado al margen de los carteles. Una violencia que cruza fronteras y llama la atención sobre la captura de los hombres por los discursos de odio. Un fenómeno que ha saltado de los foros digitales a las calles, y que urge una atención específica por parte del Estado.

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