Ola Violeta AC alerta sobre brechas de género y violencia durante el Mundial 2026
Martín Aguilar
El Mundial 2026, más que un torneo deportivo, revela profundas desigualdades y aumento de violencias en los hogares, afectando principalmente a mujeres y niñas, alerta Ola Violeta AC en su reporte “Mundial 2026 en casa: brechas, violencias y derecho al futuro”. Estos eventos deportivos no están al margen de las estructuras sociales que condicionan la vida cotidiana y los cuidados domésticos.
La organización analizó el torneo con perspectiva de género y alerta que los grandes eventos deportivos no ocurren al margen de las estructuras sociales que afectan cotidianamente a mujeres e infancias.
Ola Violeta indica que detrás del negocio multimillonario del fútbol existe un trabajo indispensable que rara vez aparece en las estadísticas económicas.
Cada partido visto desde casa implica alimentos preparados, espacios acondicionados, niñas y niños atendidos, ropa lavada y horarios reorganizados para quienes sostienen las labores domésticas y de cuidados, las mujeres.
“Durante el Mundial, la pasión futbolera no suspende las responsabilidades domésticas; por el contrario, suele incrementarlas”, explica Mariana García Martín del Campo, directora de Ola Violeta AC.
También se habla de las desigualdades que persisten dentro de la propia industria deportiva. Aunque el fútbol femenil ha crecido de manera significativa, las brechas económicas y laborales continúan siendo profundas.
De acuerdo con datos de FIFPro citados en el reporte, 66 por ciento de las jugadoras de selecciones nacionales en el mundo gana menos de 20 mil dólares anuales, mientras que la FIFA registra que esa cifra desciende a 10 mil 410 dólares al año para las futbolistas mexicanas.
Esta precariedad obliga a muchas deportistas a sostener empleos adicionales para financiar carreras que deberían poder desarrollarse en condiciones de profesionalización plena.
Diversas investigaciones internacionales han identificado que los grandes torneos deportivos pueden convertirse en contextos de intensificación de la violencia doméstica.
Uno de los estudios más citados encontró incrementos de hasta 38 por ciento en incidentes de violencia doméstica tras derrotas de la selección inglesa y de 26 por ciento después de victorias o empates.
La respuesta no está en el fútbol porque ningún marcador golpea mujeres ni ningún campeonato ejerce control coercitivo sobre una pareja. Son determinadas formas de socialización masculina las que pueden convertir el enojo o la frustración en violencia cuando existen condiciones estructurales que la toleran.
El desafío colectivo consiste en transformar las masculinidades que consideran aceptable descargar emociones negativas sobre mujeres e infancias. “Si el Mundial se sigue principalmente desde los hogares, nuestra responsabilidad colectiva es asegurar que esos hogares sean espacios de respeto, seguridad y dignidad. Ningún gol debe celebrarse sobre el silencio de una víctima”, afirma María Elena Esparza Guevara, fundadora de la organización.
Con este reporte, Ola Violeta hace un llamado a disfrutar la fiesta del fútbol sin perder de vista las desigualdades que persisten fuera del estadio. Porque el derecho al futuro de mujeres, niñas y niños también se juega en casa.

