16 octubre, 2026

Coordenadas Políticas /Martín Aguilar /Nadie sabe para quien trabaja

El profesor Álvaro López Ríos, secretario general de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA), comenta para Liberal Metropolitano vía telefónica, que, luego de analizar el paquete económico 2027 del Gobierno Federal para el campo, advierte: “el incremento a 88 mil 758.8 millones de pesos para la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) es insuficiente para reactivar la producción de granos básicos debido a que la mayor parte del dinero se destinará a programas de corte social y no al fomento de la productividad y rentabilidad”.

Precisa que el aumento de 13.6% en términos reales del presupuesto de Sader no se traduce en mayor volumen de alimentos, ya que el problema de fondo es la dependencia externa pues “actualmente, México produce apenas el 42% de los granos y oleaginosas que requiere”.

Especifica que ésta baja autosuficiencia mantiene al país expuesto a choques climáticos, fluctuaciones de precios internacionales y presiones logísticas. “Mientras los recursos públicos no contemplen herramientas integrales de mercado (coberturas de precios, agricultura por contrato, financiamiento accesible y tecnificación del agua) el campo seguirá rezagado, marginando a los productores medianos y comerciales que son quienes verdaderamente garantizan el abasto nacional de alimentos”.

Destaca que, en su análisis, encontró que la insuficiencia y reorientación del presupuesto de egresos impacta de manera directa y crítica a la producción de maíz por la pérdida de rentabilidad para el agricultor y reducción de las hectáreas sembradas.

Señala que la estructura del presupuesto para 2027 debilita pilares indispensables para los productores de granos básicos: Acopio para el Bienestar (antes Precios de Garantía) que registra una fuerte caída real estimada del 22%, bajando nominalmente a 10,445 millones de pesos. Esto, explica, reduce el margen del gobierno para comprar cosechas a precios justos y sostener el ingreso comercial rural.

“Fertilizantes para el Bienestar sufre una contracción real del 9.3%, lo que limita el acceso directo a los insumos necesarios para nutrir las tierras. Producción para el Bienestar que es el programa destinado a los pequeños productores disminuye un 5.5% real. Sanidad e Inocuidad que es el presupuesto del Senasica vuelve a contraerse un 2.9% real, reduciendo la protección de los cultivos ante plagas y mermando la competitividad internacional”, deduce.

Detalla que el Presupuesto Global Sader, aunque crece 13.6%, es un crecimiento inflado por programas que no fomentan la agricultura pues, “Acopio para el Bienestar -22.0% representa menos fondos para asegurar compra grano a precio justo; Fertilizantes para el Bienestar -9.3%, encarece o limita acceso insumos críticos para siembra; y Producción para el Bienestar -5.5%, reduce los apoyos directos en hectáreas maíz, frijol trigo”, ilustra.

Comenta que, como lo informó en sus comunicados de prensa, “México consume alrededor de 54 millones de toneladas de maíz al año, de las cuales produce cerca del 42% e importa el 58% restante lo que, ubica al país como el mayor importador de maíz del mundo en el ciclo agrícola actual”.

Entonces, lo anterior, subraya: “a pesar de que el país es el centro de origen del grano, las proyecciones del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA) apuntan a que la producción nacional de este grano caerá un 2% interanual”.

Para el también productor de maíz, trigo y sorgo en Guanajuato, esto obedece a los altos costos de los fertilizantes y los deprimidos precios internacionales del grano, obligando a los productores medianos a cambiar el maíz por cultivos comerciales o de menor demanda hídrica.

Baja empleo en el campo y parálisis en producción

Por otra parte, expone que, la producción a la baja ya está impactando al empleo en el sector primario, pues México registró una caída anual de 279 mil personas ocupadas en el sector agropecuario (agricultura, ganadería, silvicultura, caza y pesca) en julio de 2026, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI.

“Una parálisis por falta de combustible profundizaría el despido de jornaleros agrícolas y la migración de mano de obra hacia otros sectores como la construcción, ya que el sector primario pasó de 6.7 a 6.4 millones de personas ocupadas”, sentencia.

El profesor López Ríos advierte que, el maíz será el cultivo más vulnerable ante el veto estadounidense de vender diésel a nuestro país ya que, el cierre del ciclo agrícola Primavera-Verano (cosechas de septiembre a diciembre) representa la mayor parte de la superficie agrícola del país y las afectaciones en estos meses son críticas porque es el periodo de recolección masiva, donde las cosechadoras y trilladoras consumen grandes volúmenes de combustible.

Explica que, según datos del INEGI (Indicador Global de la Actividad Económica, IGAE), la contracción del 1.1% mensual en julio de 2026 y la caída en la agricultura de 3.3% anualizada, reflejan una tendencia a la baja que arrastra tres meses consecutivos, la cual se agravaría ante un veto para México de diésel por parte de Estados Unidos.

“El panorama para el sector primario mexicano enfrenta una tormenta perfecta pues combina un debilitamiento estructural interno con una amenaza logística crítica desde el exterior. Esto, debido a que se depende del diésel para operar maquinaria pesada (tractores, cosechadoras) y sistemas de riego; además del transporte de las mercancías hacia los centros de consumo”, apunta.

Indica que, al no contar con combustible suficiente para los tractores y trilladoras en plena temporada, se anticipa un retraso forzado en las siembras y la pérdida física de cultivos listos para cosechar por falta de recolección oportuna y como consecuencia directa: “los productos perecederos como frutas, verduras y carne se estancarán en las zonas de producción, acelerando su descomposición”.

Además, avisa: “esto desatará una espiral inflacionaria en alimentos ya que la contracción acumulada en el sector agropecuario ya venía presionando los precios al consumidor y un choque de oferta debido a la escasez de diésel disparará los costos logísticos y productivos, trasladándose directamente al precio final de la canasta básica (maíz, frijol, hortalizas y proteínas animales), agudizando los niveles de inflación”.

Percibe que se encienden los “focos rojos” en el sector agroalimentario de México pues enfrenta un serio deterioro en su autosuficiencia alimentaria y una creciente vulnerabilidad estructural caracterizada por una caída histórica en la producción de granos básicos, una dependencia récord de las importaciones, alta vulnerabilidad frente al cambio climático, envejecimiento crítico de su fuerza laboral y marcadas desigualdades económicas

Explica que, luego de que el INEGI dio a conocer la Encuesta Nacional Agropecuaria, ésta fue analizada por los integrantes del Comité Ejecutivo Nacional de la UNTA quienes concluyeron que “el campo enfrenta una tormenta perfecta: estructural y climática que pone en riesgo la seguridad alimentaria nacional”.

Expresa que el CEN de la UNTA a través de su persona destaca que, a corto plazo, con la caída de la producción, se espera una inflación alimentaria ya que se apunta a una desaceleración productiva debido al impacto acumulado de factores financieros y climáticos.

Dijo que, consideran que, para los próximos 5 años, incluido el cierre de la administración de Claudia Sheinbaum, las variables estructurales delineadas por el INEGI abren un escenario de alta vulnerabilidad si no se transforman las políticas públicas que aplica actualmente el Gobierno Federal.

“El maíz blanco —base de la alimentación e identidad mexicana— ha tocado su nivel de producción más bajo desde 2019 cuando se produjeron 25.8 millones de toneladas pues actualmente es de 20.4 millones de tonelada, es decir, una pérdida de 5 millones de toneladas”, ejemplifica.

Reflexionan que, para cubrir la demanda interna (tanto para consumo humano como para el sector ganadero e industrial), el país se ha consolidado como uno de los mayores importadores de granos a nivel mundial y las proyecciones indican que México ya importa cerca del 58% de los granos y oleaginosas que consume.

Lamentan, argumenta el dirigente de la UNTA que, las importaciones totales de maíz estimadas para los ciclos actuales alcanzan un nivel histórico de entre 23 y 26.5 millones de toneladas, compuestas masivamente por maíz amarillo pero complementadas cada vez más por maíz blanco.

El dirigente de pequeños productores agrícolas pidió al gobierno y legisladores no se tomen las apreciaciones y alertas de la UNTA en vano pues, repara: “al reducirse la autosuficiencia, la cadena de valor se vuelve altamente vulnerable al tipo de cambio y a los fletes logísticos internacionales lo que abre la puerta a presión inflacionaria en la mesa de la población con alza en precio de tortilla y alimentos…, para empezar”.

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