30 octubre, 2026

Muere el Monstruo de Atizapán: una historia que comenzó con boletines de búsqueda y terminó entre miles de r estos óseos.

Nohemí Téllez García.

Andrés Filomeno Mendoza Celis, conocido como el Monstruo de Atizapán, murió este jueves 29 de octubre a los 77 años dentro de su celda en el penal de Tenango del Valle, en el Estado de México. De acuerdo con reportes periodísticos, el feminicida serial enfrentaba complicaciones respiratorias derivadas de una neumonía, además de otros problemas de salud. Su fallecimiento ocurrió después de permanecer más de cinco años en prisión, donde cumplía múltiples condenas, incluida una de prisión vitalicia. Aunque se reportaron antecedentes médicos, la causa definitiva de su muerte debía ser confirmada por las autoridades correspondientes.

La historia criminal que lo llevó a prisión comenzó a descubrirse en mayo de 2021, cuando la búsqueda de Reyna González Amador, de 34 años, condujo a las autoridades hasta un domicilio ubicado en la colonia Lomas de San Miguel, en Atizapán de Zaragoza. La mujer había sido reportada como desaparecida y su esposo acudió a buscarla al inmueble. Dentro de la vivienda encontró indicios del crimen y alertó a las autoridades, lo que desencadenó una investigación que pronto rebasó el caso de una sola víctima.

Durante las diligencias ministeriales, los peritos encontraron más de cuatro mil 300 restos óseos, además de identificaciones, fotografías, prendas de vestir, bolsos, calzado y libretas con nombres y descripciones de mujeres. El inmueble se convirtió en el centro de una investigación que buscaba reconstruir las historias de personas desaparecidas durante años. Los hallazgos revelaron la dimensión de los crímenes atribuidos a Mendoza Celis y abrieron nuevas líneas para identificar a las víctimas mediante análisis periciales.

Las investigaciones relacionaron al llamado Monstruo de Atizapán con al menos 30 posibles víctimas, aunque las autoridades acreditaron judicialmente distintos casos mediante procesos separados. En total, recibió ocho sentencias condenatorias por feminicidio, homicidio y delitos vinculados con la desaparición de personas, entre ellas una pena de prisión vitalicia y otra de 92 años. Detrás de los expedientes quedaron familias que durante años buscaron a sus hijas, hermanas y madres, sin imaginar que algunas respuestas podían encontrarse en aquella vivienda.

Con su muerte se cierra la historia de uno de los casos criminales más estremecedores del Estado de México, pero no desaparecen las preguntas que dejó la investigación. La identificación de los restos y la reconstrucción de las historias de las víctimas marcaron una de las tareas más complejas para los especialistas. El hombre que fue detenido después de que una búsqueda condujera a su domicilio murió en prisión, mientras el recuerdo de las mujeres desaparecidas permanece como el centro de una historia que comenzó con la incertidumbre de sus familias y terminó revelando un escenario de violencia que conmocionó al país.

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